Los pasados en español: ¿Era o fue? ¿Estuve o estaba?

Si ya hace un tiempo que estudias español y has aprendido varios tiempos de pasado, el título de este artículo te suena. A continuación, te ayudo a entender qué pasado usar en cada situación.

Al principio todo es más fácil, cuando solo un tiempo de pasado te ayuda a contar lo que hiciste ayer o lo que has hecho esta mañana. Pero poco a poco, aparecen los otros pasados y las cosas se complican. O eso pensamos.

Generalmente, surgen las dudas cuando empiezas a usar el pretérito indefinido (estuve, comí, hice, salí) y el pretérito imperfecto (estaba, comía, hacía, salía). En ese momento piensas ¿Para qué necesitamos tantos pasados? ¿No es todo igual? El español es muy difícil. Es posible que tengas algo de razón, pero como ni tú ni yo podemos cambiar la lengua de Cervantes (al menos no tanto, ni tan rápido), vamos a ver el uso de cada uno de estos pasados, y cómo hacer para no confundirlos.

¿Cuándo usar el pretérito indefinido?

  • Para contar lo que hice ayer. Ej.: Salí tarde del trabajo / Estuve de fiesta todo el día / Hice la compra / Quedé con una amiga.
  • Para contar acciones puntuales, terminadas, que sucedieron en un momento concreto del pasado. Ej.: Me mudé a Madrid el año pasado. / Me casé muy joven. / Estudié química. / Conocí a Francisco en una fiesta / Fui a correr para relajarme. / Me caí en la calle.
  • En definitiva, para hablar de acciones que empiezan y terminan en el pasado. Ej.: Viví en Roma un par de años. / Llamé a Carmen, pero no me contestó. / Fui a Estados Unidos de vacaciones.

El pretérito indefinido nos ayuda a contar esas acciones o eventos que hacen avanzar la historia, contamos qué pasó. Habitualmente (¡ojo! no siempre) usamos este pasado con los verbos nacer (nací en…) y morir (murió en/de…).

¿Cuándo usamos el pretérito imperfecto?

  • Para describir acciones en el pasado. Describimos el contexto de una situación. Ej.: Llovía y hacía frío. / Estaba en la última fila y no veía nada / Era una casa muy bonita pero muy cara.
  • Para hablar de acciones habituales o que se repiten en el pasado. Ej.: Iba al colegio por las mañanas / Mi madre compraba siempre en la misma frutería / Me levantaba muy temprano para poder estudiar tranquila.

El Pretérito Imperfecto nos ayuda a describir situaciones del pasado, podemos dibujar con nuestras palabras el contexto, contamos cómo pasó. Recuerda cómo empiezan todos los cuestos infantiles en español: “Había una vez…”

Los marcadores temporales

Una vez que entendemos cuál es el uso de cada tiempo, podemos prestar atención a los marcadores temporales. Son esas palabras o expresiones que hablan del momento en el que suceden las acciones, y normalmente acompañan siempre al mismo tiempo de pasado.

Por ejemplo, cuando usamos el pretérito indefinido podemos usar los siguientes marcadores: ayer, anoche, la semana pasada, el lunes, el año pasado, una vez, en 1983, en octubre, entre 1936 y 1939, etc. Si te fijas, todos hacen referencia a un momento concreto del pasado, un tiempo que empieza y termina en el pasado.

  • Empecé a dar clases de español en el año 2014.
  • En 2008 me mudé por primera vez.
  • Ayer cené con unos amigos, por eso me acosté muy tarde.
Algunos marcadores temporales del pretérito indefinido

Por otra parte, cuando usamos el Pretérito Imperfecto podemos usar estos otros marcadores (siempre y cuando hables de situaciones del pasado, claro): todos los días, habitualmente, cada tarde, los fines de semana, a veces, antes, etc. En este caso, los marcadores nos indican una acción que se repite en el tiempo o nos habla de un momento que queremos describir.

  • Cuando era adolescente hablaba por teléfono con mis amigas todos los días.
  • Antes dormía muchísimo, ahora un poco menos porque soy mamá.
  • Ese día la tienda estaba llena de gente, hacía mucho calor y yo estaba muy cansada.
Algunos marcadores temporales del pretérito imperfecto

Estos marcadores temporales pueden ayudarte mucho a salir de dudas, pero siempre ten en cuenta qué estás contado y lo que quieres expresar. Algunos marcadores podrían acompañar a cualquiera de los dos pasados (ese día, en aquella época, etc.), por lo que tienes que pensar si vas a hablar de un hecho puntual, de una acción habitual, si vas a hacer una descripción, etc.

Ejemplos en contexto

Veamos ahora cómo funcionan estos dos pasados en contexto. Aquí tienes un fragmento del comienzo de la novela Cien años de soledad, del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. Verás que en él se utilizan los dos pretéritos de los que te hablé, y como ya hemos dicho, cada uno cumple su función.


Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daba a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. “Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima”.

José Arcadio Buendía, cuya desaforada imaginación iba siempre más lejos que el ingenio de la naturaleza y aun más allá del milagro y la magia, pensó que era posible servirse de aquella invención inútil para desentrañar el oro de la tierra. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: “Para eso no sirve”. Pero José Arcadio Buendía no creía en aquel tiempo en la honradez de los gitanos, así que cambió su mulo y una partida de chivos por los dos lingotes imantados. Úrsula Iguarán, su mujer, que contaba con aquellos animales para ensanchar el desmedrado patrimonio doméstico, no consiguió disuadirlo. “Muy pronto ha de sobrarnos oro para empedrar la casa”, replicó su marido. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Lo único que logró desenterrar fue una armadura del siglo XV con todas sus partes soldadas por un cascote de óxido, cuyo interior tenía la resonancia hueca de un enorme calabazo lleno de piedras. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer.


¿Qué, te ha gustado? Seguro que te has quedado con ganas de seguir leyendo. Si tienes cualquier pregunta, déjame un comentario. ¡Hasta la próxima!

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